LA RENUNCIA

"Había un hijo que tenía un padre muy sabio al cual un día le preguntó:

- Padre ¿qué tengo que hacer para alcanzar la felicidad?

El padre contestó:

- Renuncia a todo.

El hijo dejó la vida mundana y se retiró al bosque, donde estuvo meditando durante cuatro años, pero aún así no conseguía encontrar ese sentimiento de felicidad. Desanimado, volvió a visitar a su padre y la pidió consejo.

- Renuncia a todo - volvió a decirle el padre.

El hijo se quedó estupefacto ante la reiteración del consejo.

Pero ¿a que más debía renunciar? Había renunciado a la familia , al trabajo, a su vida cotidiana, e incluso a sus posesiones materiales. Desde hacía años lo único que poseía era un taparrabos que él mismo se había confeccionado con hojas de los árboles.

- Padre - replicó -, he renunciado a todo. Todo lo he dejado, nada tengo, nada poseo y sin embargo vuelves a decirme que renuncie a todo.

El padre entonces le dijo:

-          Es que no has renunciado a todo. Has renunciado a cosas materiales y yo en ningún momento me referí a ese tipo de renuncia. Podemos disfrutar de las cosas materiales sin apego, sin que ellas nos posean. Cuando te aconsejé me refería a tus esquemas, a tu soberbia y orgullo, en definitiva a tu yo desmedido. Esa es la verdadera renuncia. Para ser feliz has de pensar por ti mismo y no sabrás hacerlo si no cuestionas tus esquemas. Son ellos los que te hacen sentir feliz o no"

 

(Libro Tu manera de ver la vida)