LA MUERTE EN SUFRIMIENTO

“Un padre y un hijo vivían juntos en una casa a las afueras de la gran ciudad. El hombre se dedicaba a cultivar la tierra y a cuidar del ganado. El hijo jugueteaba por el campo, era muy niño solo tenia 6 años, teniendo siempre cuidado de no cruzar la carretera que estaba cerca de la casa.

 

Una mañana como hacía casi diariamente el padre salió para trabajar en el campo y el niño se quedó jugando con una pelota que tenia, jugando, jugando el niño se acercó demasiado a la carretera, la cruzó…… y un coche lo atropelló y lo mató.

Cuando volvió el padre y se encontró a su hijo muerto, el hombre quedó sumido en un profundo estado de sufrimiento. Pasaron los días y el hombre seguía igual.

Dios viendo el estado en que había quedado aquel hombre se apiado de él, y le mando un ángel para consolarlo. No sin antes advertirle al ángel, que no podía devolverle la vida al hijo, podía darle lo que quisiera pero eso no.

El ángel llegó hasta el hombre y comenzó a intentar consolarlo. Le dijo quien era, que su hijo estaba bien, que Dios lo había mandado, en fin lo intentaba todo, pero el hombre seguía igual.

Entonces le preguntó:

-¿Qué puedo hacer para ayudarte? Ya sabes que no puedo devolverle la vida a tu hijo, pero puedes pedir lo que quieras.

El padre lo miró y le dijo.

-Una cosa me calmaría, poder ver a mi hijo por última vez, pues cuando salí de casa ni me despedí de él, no pude decirle adiós.

El ángel le dijo que lo consultaría con Díos, pero que creía que no habría ningún problema.

Pasaron las horas, el día y todavía no venia el ángel. Cuando el padre ya empezaba a impacientarse, apareció el ángel.

-Ven conmigo -de dijo- hoy verás a tu hijo.

El hombre se emocionó y el ángel lo llevo hasta donde estaba su hijo.

 Se abrieron unas puertas enormes y una extensa y larga, larguísima alfombre roja, los recibió. Caminaban por ella y el padre iba mirando de un lado para otro ya que en ambos lados había un montón de niños y el hombre andaba buscando a su hijo.

-¿Dónde está?- le preguntó al ángel.

-Tranquilo- le contestó- ahora lo verás.

Entonces ve que enfrente y acompañado de otros ángeles aparece su hijo con una vela en las manos.

El padre, se emociona, abraza al hijo y rompe a llorar. Y cuando se calma, le pregunta al hijo:

-Hijo, ¿estas bien?

-Si papá – le responde – yo estoy muy bien, no te has de preocuparte por mi, créeme.

El padre se relaja, se queda tranquilo y le dice al hijo:

-¿Te puedo hacer una pregunta?

-Pues claro, - le contesta el hijo-

¿Por qué-dice el padre- todos esos niños con los que me he ido cruzando llevan una vela encendida y la tuya está apagada?

El hijo le sonríe tiernamente  y le dice:

-Porque tus lágrimas no dejan que se encienda”.

 

(Libro Otra manera de ver la vida)